ALGA Revista de Literatura nº95-96 - Año 2026
Dirección:
Goya Gutiérrez
Edición:
Grupo de Poesía ALGA
Responsables de la edición del presente número:
Enric Velo
Lucía León
Goya Gutiérrez
Maquetación, composición y diseño web:
Enric Velo
Portada:
Tomando medidas
Pintura de José Luis Navarro
Sumario
http://revistaliterariaalga.com/
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Poesía - Colaboración Especial
JOSÉ ÁNGEL VALENTE
JOSÉ ÁNGEL VALENTE, (Orense, 1929- Ginebra, Suiza 2.000). Autor fundamentalmente de poesía, y también de prosa poética, ensayo y relatos. Publicó libros de arte, en colaboración con artistas plásticos y fotógrafos. Tradujo la poesía de P. Celan, J. Keats, K. Cavafis y Dylan Thomas. Considerado como perteneciente a la generación del 50, en 1960 por sus Poemas a Lázaro ganó el Premio de la crítica catalana. Entre sus numerosos premios están el Premio Adonáis de Poesía (1954), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1988), el Premio Nacional de Poesía (1993 y póstumo en 2001), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y el Premio Nacional de Poesía (2001, póstumo). En 1972 fue sometido a Consejo de guerra por "ofensas al Ejército", que se consideraron contenidas en su cuento El uniforme del general, incluido en el libro El número trece. Galaxia Gutemberg S.L. publicó en 2014, con el título de Poesía completa, Edición de Andrés Sánchez Robaina, su obra poética completa, además de traducciones de poesía y obra poética en prosa.
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Perfil del poeta y selección de textos por Lucía León
MELANCOLÍA DEL DESTIERRO
Lo peor es creer
que se tiene razón por haberla tenido
o esperar que la historia devane los relojes
y nos devuelva intactos al tiempo en que quisiéramos
que todo comenzase.
Pues ni antes ni después existe ese comienzo
y el presente es su negación y tú su fruto,
hermano consumido en habitar tu sombra.
Lo peor es no ver que la nostalgia
es señal del engaño o que este otoño
la misma sangre que tuvimos canta
más cierta en otros labios.
Y peor es aún ascender como un globo,
quedarse a medio cielo,
deshincharse despacio,
caer en los tejados de espaldas a la plaza,
no volver al gran día.
La gloria de aquel acto
era toda futura.
Pero tú olvidas cuanto
pusiste en él, mientras los muertos
brotando están a flor de tierra ahora
para hacer con sus manos
la casa, el pan y la mañana nuestra.
Y tú en tu otoño de recordatorios,
en tu rosario quieto,
igual que un héroe de metal fundido,
famoso en unos pocos
metros a la redonda,
ilustre en ignorancia de la hora inmediata
y casi sordo de tristeza.
Pienso
si no supiste combatir,
si no te defendiste por donde más te herían
o si acaso ignorabas que el destierro es a veces
más cruel que la muerte.
Sobremueres.
Te han vendido a ti mismo,
a tu perfil lejano entre metralla y cantos
o te has dejado herir con un solo disparo
de luz petrificada en la boca del alma.
De La memoria y los signos (1966)
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XXVIII
A los recintos últimos del alma
nocturno entraste, cuerpo, para
que no pudiera
morir, para llevarla
en tus desnudos brazos a la raya
del sol, en el ardiente
confín del día o de la luz
que ya se avecinaban.
XXXV
La aparición del pájaro que vuela
y vuelve y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro?
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz,
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.
De El fulgor (1984)
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CABO DE GATA
El CABO entra en las aguas como el perfil de un muerto o de un durmiente con la cabellera anegada en el mar. El color no es color; es tan sólo la luz. Y la luz sucedía a la luz en láminas de tenue transparencia. El cabo baja hacia las aguas, dibujado perfil por la mano de un dios que aquí encontrara acabamiento, la perfección del sacrificio, delgadez de la línea que engendra un horizonte o el deseo sin fin de lo lejano. El dios y el mar. Y más allá, los dioses y los mares. Siempre. Como las aguas besan las arenas y tan sólo se alejan para volver, regreso a tu cintura, a tus labios mojados por el tiempo, a la luz de tu piel que el viento bajo de la tarde enciende. Territorio, tu cuerpo. El descenso afilado de la piedra hacia el mar, del cabo hacia las aguas. Y el vacío de todo lo creado envolvente, materno, como inmensa morada.
De Fragmentos de un libro futuro (2000)
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LUCES HACIA EL PONIENTE
AL LENTO sol que baja hacia la tarde
ceder, abandonarse.
Declinación.
El flujo de vivir
se ha ido deteniendo imperceptible
como el borde del vuelo o la caricia.
Aún dura leve lo que fuera huella
de su tacto tenue.
No sé si salgo o si retorno.
¿Adónde?
El fin es el comienzo.
Nadie
me dice adiós. Nadie me espera.
Entrar ahora en el poniente,
ser absorbido en luz
con vocación de sombra.
Y tú, que me has amado, sacrifica
a las divinidades de la noche
lo más puro de mí
que en tu secreto reino sobreviva.
De Fragmentos de un libro futuro (2000)
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