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Yo misma, os lo juro,
generosa e injusta
me condené a muerte
Gloria Fuertes
POESÍA
Me aplasta como a una colilla, me
fermenta, soflama, vomita, me
garganta, esófago, válvula, me
corta hasta las sienes, me encanece la voz hasta hacerla insignificante en lo que voy a decir, hasta
me
caga como si yo fuera un escarabajo pelotero.
Después me hinca una piedra con forma de ruina académica, me arrastra a través de la planicie y después me hace subir la ladera una y una vez más, hasta no llegar nunca a la cima por más que lo intento, hasta negarme cualquier posibilidad de ser orificio en las manos después.
Insertada yo por un arte despreciable,
apalabro desinfectantes y estropajos:
dejo la página
aún más flaca.
Oficio
La poesía me hiede por el ano. Es mi vez:
me posee como si yo fuera un yo con ego
y no una persona ínfima, detalladamente
acomplejada:
analfabeta.
La poesía es un hábito calumnioso.
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Cada vez oigo mejor
a este solitario pájaro
del árbol de mi prisión
J. R. Jiménez
POETA
Soy la bestia
amamantada por mil lenguas continentales,
soy la arañuela,
soy la verbena,
soy la ruda,
el esquisto y el feldespato,
soy la mujer sin senos, soy la rama
caduca, la semilla
sobre las hojas muertas,
soy la sal yerma.
Soy la madre inmunda.
Soy la arbitrariedad.
Soy ella,
soy la bestia descerebrada
que habla una lengua extinta
que ya no sabe decir
lo que un ser humano
sabe decir
que se cree
ininteligible porque
no es criolla de ninguna otra.
Soy la posesión
y la nada.
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