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LA CAJA DE MÚSICA
Trepé
quién sabe sobre qué clase de hechizos.
Contraje cada músculo
sin saber cuál era el adecuado.
Entrecerré los ojos
para afinar la vista.
No notaba la piel
ni la sed
ni el cansancio.
Sólo escuchaba el eco
de los cantos de todos
en la pequeña cajita de música
cuya bóveda se alza a más altura
que cualquier catedral.
Y estaba bien el sacrificio
porque yo
sin vosotros
no soy nadie.
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LA COPA VACÍA
El golpe de la plata en el cristal
de la copa vacía
afina el alma
como una flauta dulce
en manos de un virtuoso
que ya probó la miel
hasta el hastío.
El golpe de la uña en el cristal
de la copa vacía
nombra al alma
como un ángel susurra
mensajes de fuego
y arroja las riendas al aire.
El roce de la yema en el cristal
de la copa vacía
tensa el alma
como el oído de quien va buscando,
escucha el caer de una pluma en la alfombra
y se detiene.
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