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EL ETERNO CEREZO
¡Quien pudiera ser árbol
de madera indeleble!
Ser una leve brizna
surgiendo de la tierra,
ser después tronco y hojas
y luego flor de nieve
para beber el sol.
Y más tarde ser fruto
en busca de unos labios
y al final ser de nuevo
la semilla feraz
que la tierra amamanta.
Y volver a ser brizna
que abreve con ahínco
en la luz y la lluvia,
en la noche y la luna.
Y ser en la espesura
un eterno cerezo.
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VOLVER A LA INFANCIA
Y volver a la infancia
cogido de la mano de mis padres
para poder jugar de nuevo
en aquel comedor y atesorar
aquella luz gloriosa de la tarde
que tenaz alumbraba mi cabeza
ausente en su inocencia
del Tiempo y de la Nada.
Y volver al presente
cogido de la mano de la duda
que me obliga a buscar
entre desordenadas
fotografías color sepia
la certeza feliz de aquel pasado
y poder descubrir que no es un mito
que mi mente se inventa
para poder seguir viviendo.
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