ALGA Revista de Literatura
nº95-96 - Año 2026




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Enric Velo
  • Lucía León
  • Goya Gutiérrez

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
  • Tomando medidas
          Pintura de José Luis Navarro


    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/
  • Libros comentados

    GOYA GUTIÉRREZ

    Es miembro del Grupo de Poesía ALGA y dirige la revista ALGA desde 2003.
    Ver http://goya-gutierrez-lanero.com/

    Llámala
    de Lola Andrés
    Editorial Dilema, Madrid, 2024
    Poesía, 69 págs

    Lola Andrés nace en Valencia en 1961. Es licenciada en filología por la Universidad de Valencia. Tiene publicados los siguientes libros de poemas: Moléculas y astros, (premio Gerardo Diego de la Diputación de Soria, 2002), Jocs de llum, Ed Bromera, 2006 (Premio Alfons el Magnànim "Ciutat de València" de poesía en valenciano, 2006), Materia (Primer accésit del Premio de Poesía Ciudad de las Palmas de Gran Canaria, 2007), Pendiente del aire, en la colección artesanal "Ecuaciones de segundo grado", Ed. El Torpe al Timón, junto a Eva Hiernaux, Madrid 2013, Cielo líquido, Amargord, 2015; Travesía, Ediciones Contrabando 2016 (la tercera edición junto con el pintor Pere Salinas, 2021). de Uno, editorial Contrabando, colección Marte, Valencia, 2022.
    El poemario Llámala que nos ocupa está dividido en seis secciones o poemas largos de varios fragmentos. El libro parece estar establecido a modo de escritura teatral, en donde a partir de la tercera sección los poemas llevan en la parte inferior una especie de acotaciones que parecen introducir los diálogos, una forma de dramatización entre dos personajes hablantes, el "Ella" y el "yo" poéticos, que se identifican con las voces de la madre y de la hija. En ocasiones pudieran también representar la duda, la escritura o la enfermedad.
    En la primera sección titulada cosas que van y vienen se aprecia ya un desamparo, algo que hirió profundamente, una dejación del amor entre la engendrante y la engendrada: "beso la laxitud de tu mejilla" (p.19) "dentro de ella mi corazón/ adentro aquí-adentro-te-tuve/en la suela del gozo/ contra el trueno/ sin luz" (p.21), "vengo/ de olor a quemadura/ ella me daba leche/ de ascuas atizadas" (p.25) "se me enfermó en el pecho/ el humo el escozor la leche ardida/ ella me mira toca/ con cicatriz que sella/ mi corazón/ " (p.26). Se trata como de un duelo, una lucha verbal a través de palabras y versos bellísimos y al mismo tiempo con connotaciones desgarradoras entre madre e hija. Una especie de amor-odio. En ese duelo salen a la luz esas cosas guardadas que nunca se dijeron, aunque "Ella" lance el reproche de que el "yo" no tendría que haber dicho las palabras que abren la desazón y la herida. Hay un ángel que "Ella" la madre propone, que se parece a "Ella" y al que el "yo" rehúsa: "ella o ángel ¿cuál de los dos/ me estampa que/ el-mundo-es-algo-bello?" (p.32), "a manotazos limpio la eternidad -de ángel/ y/ APARECES/ "ah belleza claridad pétalo rojo". Es el dolor transmutado en belleza.
    En el segundo poema entorna la ventana, no quisiera, se aprecia ese misterio que no puede sino insinuarse a través de un lenguaje velado, la palabra desalándose, esparciéndose y liberando el dolor, pero al mismo tiempo amarrada al enigma, a aquello que es imposible decirlo de otra forma, como algo sagrado, que la palabra al hacerlo demasiado explícito cometería sacrilegio.
    En el tercer poema pasan pájaros - entretanto - Aquí y Allá, prosigue el diálogo en duelo, pero ahora es con el alma de la madre, ambas desde distintas orillas que a veces parecen intercambiarse entre el Aquí y el Allá. Por momentos percibimos que se instala en el corazón de ambas interlocutoras una cierta calma y sosiego, un intento de comunicación y concordia. El "yo" que parece identificarse con la voz de la hija baja a los abismos: "Allá: / (…) ¿cuándo me armará con su amor, con su vaivén de algo? (p.54). Los tres poemas siguientes van tirando del hilo del ovillo de ese drama, aunque sin victimismo, que no se acaba de desovillar, es un decir no diciendo: "ella va por cavernas/ que no dicen ¡que vibran! / como coágulo va /sin sombra se enaltece / olvida qué remedios / no sanaron" (p.61). La presencia en el sexto poema o sección del coro parece un eco verbal que martillea, un agotamiento del lenguaje, sin embargo, interpretamos que la sangre de la herida, por el esfuerzo, por el viaje de la hija al inframundo, por la voluntad del "yo" poético por trascender ese dolor, se ha coagulado, y ha crecido la costra del perdón, convertido en la cicatriz que es belleza poética, y de esta forma se opera la catarsis liberadora y purificadora, de transformación interior, y de compasión por parte de todos: protagonistas-espectadores-lectores.

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