Hueso en astilla
de Alfonso Alegre Heitzmann
Tusquet Editores, Barcelona, 2024
Poesía, 185 págs.
A PROPÓSITO DE HUESO EN ASTILLA, DE ALFONSO ALEGRE HEITZMANN
Después de siete años, Alfonso Alegre Heitzmann (Barcelona, 1955) publica Hueso en astilla en la colección Nuevos Textos Sagrados de Tusquets Editores. El libro presenta una coherencia y continuidad con su obra anterior.
Su obra poética, espaciada en el tiempo, la completan los títulos Sombra y materia (1995); La luz en la ventana (2001); La flor en lo oscuro (2003), Agón. Contemplación de Antoni Tàpies (2008) y Camino del alba (2017). No es una producción extensa, pero la distancia que media entre uno y otro libro lleva hacia una de sus características: la intensidad de la obra. Cada palabra en sus poemas se carga de profundas plurisignificaciones.
Como crítico ha editado la obra última de Juan Ramón Jiménez, en el volumen Lírica de una Atlántida, en el que da a conocer los libros que el premio Nobel publicó en el exilio, y que tan mal fueron leídos en la Península. No se puede olvidar su importantísimo trabajo como editor al frente, junto a Victoria Pradilla, de la revista Rosa cúbica a partir de 1987.
No es de extrañar, por tanto, que la obra de Alfonso Alegre se base siempre en una intuición que intente comprender o expresar la indagación sobre la Naturaleza, su realidad trascendente, más allá de lo que resulta evidente en una simple mirada. En este sentido, hay en la obra de Alegre un espíritu cuasi místico, de sacerdocio y revelación de la verdad solo intuida por el poeta. Por ello, gran parte de estos poemas sitúan a un yo expectante ante el espectáculo de la Naturaleza que busca su verdadero significado trascendente recuperando el simbolismo neoplatónico del Renacimiento. A menudo, el espectáculo de la naturaleza, que se crea cada día con el amanecer, se identifica con la creación poética: "Altas las nubes, / solombra / en la página, / carbón de signos ígneos / briznas, comas...". Por ello, el metapoema cobra un protagonismo específico, de manera que Naturaleza y poesía quedan íntimamente ligadas.
En otros casos, el poema se centra en el desgarro que produce el dolor de la pérdida, la muerte, ya sea en su reinterpretación de los mitos clásicos (Edipo, Antígona) o la angustia que produce un mundo que el hombre percibe como un caos (en el poema "Hueso en astilla", que da título al libro).
Destaca la concentración expresiva característica del estilo de Alegre: la contención en el uso del adjetivo y la ausencia de verbo (o el uso del infinitivo) convierten estos breves poemas en intuición de una imagen pura, como en "Medianoche" o "El hilo, la trova". Estas imágenes, estáticas, atrapan el mundo en un momento de transición del no ser al ser (como en "Verbo") a través de paradojas ("un callar audible"), sinestesias ("apenas un oír se ve").
Desde un punto de vista formal, en el libro destacan, además de los poemas breves (la cuarta parte, "Tinta y pinceles", se acerca a la concentración expresiva del haikú, pero también próxima a los poemillas de la lírica tradicional: "Mañana / en la terraza, / mañana), destacan los poemas en prosa, en ocasiones una sola línea: "Una escucha infinita es la orilla del sueño". Pero en otros poemas se hace evidente la construcción retórica sobre la que se asientan: "Luna del agua" se escribe a partir de la concatenación; "Lluvia" pone al día la vieja estructura diseminativo-recolectiva de tantos sonetos del siglo XVI.
Por último, destaca el uso de las formas clásicas. Por un lado, el par de sonetos (el último, "El sueño de Jacob", con rimas asonantes, recupera una rima antitética: suelo /cielo). Por otro lado, la sección "Décima luz", reúne diez décimas que podrían considerarse poemas de circunstancias (todos están dedicados a personas próximas al poeta: escritores, músicos, artistas) pero que, fiel al estilo de su autor, trasciende el mero poema dedicatorio para convertirse en un intento de comprender la Naturaleza, la poesía, el arte y su misterio.
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