Ángel Guinda
(1948-2022)
foto: Lucía Paprckova
Introducción a su poesía
Bio-bibliografía
Selección de poemas
ALBERTO GARCÍA-TERESA (Madrid, 1980) es doctor en Filología Hispánica con Poesía de la conciencia crítica (1987-2011). A partir de ese trabajo, ha elaborado una veintena de antologías y libros de estudio sobre poesía crítica contemporánea. A su vez, ha publicado nueve poemarios y dos libros de microrrelatos. Poemas y ensayos suyos han sido traducidos al esperanto, al inglés, al francés, al serbio, al rumano, al búlgaro, al ucraniano, al bengalí y al macedonio.
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INTRODUCCIÓN A LA POESÍA DE ÁNGEL GUINDA
por Alberto García-Teresa
Desde la publicación de su primer poemario en 1972, la poesía de Ángel Guinda se ha ceñido a una tensa autoexigencia que le llevó, de hecho, a espigar buena parte de los textos de sus dos primeras décadas de escritura en el volumen de su "obra completa", el cual dejó preparado antes de su fallecimiento: Vida ávida. Poesía reunida (1970-2022) (Olifante ed., 2025). Ese ilustrativo título (que recupera el de una de sus entregas de principios de los años ochenta) engloba los ejes de una obra cultivada pacientemente en los márgenes y que reivindica, precisamente, la radicalidad de esa posición periférica y excéntrica; fuera del centro. Sus textos se caracterizan por la síntesis, la claridad enunciativa y una diafanidad que, sin embargo, encierran una enorme tensión y una meticulosa condensación semántica. No en vano, se evidencia un impulso lúdico e irreverente (y alegre, en última instancia, tal y como él mismo planteaba la existencia) con el lenguaje que cristaliza en sus ingeniosos juegos de palabras y en sus dislocaciones léxicas. Esa labor de cincelado llevó a Guinda a conseguir versos rotundos, cercanos al epigrama o al aforismo (o directamente presentados como tal). El uso de oxímoron, contradicciones, paradojas, así como sinestesias y sinécdoques e incluso ironía, añaden complejidad a una poesía que se presenta limpia y honda a un mismo tiempo. Con todo, en algunos tramos de su trayectoria, dejó discurrir un impulso irracionalista, una imaginería más surrealista y unas estructuras enumerativas que abren sin conseguir agotar una mirada delirante. En cualquiera de los casos, su obra plantea una forma de estar en el mundo poderosamente vitalista, intensa, antiautoritaria y rebelde. Pero, a la vez, manifiesta una profunda angustia existencial, que determina un paso grave y hondo desde sus primeras entregas y que, paradójicamente, aviva la frescura de buena parte de la producción durante su senectud. La muerte y la soledad y cómo encara ambas, las supera o huye de ellas, constituyen la columna vertebral que yergue su respuesta a la realidad. De ahí, su apasionado y generoso vitalismo o su amor de entrega total, en constante celebración. En efecto, se trata de una poesía declarativa, de autoindagación o autoexplicación, primero, para, seguidamente, llegar a una autoafirmación. Constituye una herramienta para traspasar la apariencia del mundo, para trascender la banalidad, la mercantilización y la alienación a la que nos somete el sistema. A partir de ahí, despliega una línea crítica donde se hermana con quienes sufren y que parte de lo personal para consolidarse en lo comunitario. Frente a una poesía ensimismada, Guinda se explora para cuestionar su lugar en el mundo y entregarse a los demás. Por tanto, remarca la dimensión de confrontación con la realidad que posee la poesía (tanto en un plano individual como colectivo). De este modo, apuesta por una poesía donde la emoción ocupe un lugar destacado, pues se trata de una expresión de humanidad y también nos constituye como personas libres. Pero, igualmente, remarca la capacidad de revelación de la poesía, su dimensión intuitiva; su habilidad para llevarnos a conocimientos y sensaciones que con otras herramientas no podemos alcanzar. Entonces, aboga por avanzar desde la disconformidad, desde la no complacencia y, con esa inquietud, se zafa de lo acomodaticio.
La propia poesía es cuestión recurrente de reflexión en sus libros y, no en vano, los manifiestos que compartió iban todos encaminados hacia un mismo propósito: escribir, percibir y vivir una poesía útil que se dirija hacia una transformación total del mundo en pos de una vida plena, sin autoengaños ni dominación. Su práctica poética deja constancia de esa aspiración.
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