|
TRAZOS DEL NATURAL
IV
Ni promesas vanas ni dejar nunca al viento
las riendas de tu caminar
Ya sé que el mundo se presenta a veces
como un exquisito regalo en caja deslumbrante
que estremece las ansias de llegar a su médula
pero cuidado que también existe
la dulzura que ciega y envenena de los antiguos cuentos
de madrastras
que pretende atraernos hacia jaulas doradas
de oro espurio parálisis o encierro
Y si caes en ellas habrás de convocar
a todas las fuerzas que aún te queden
antes que tu raíz se agote antes que las airadas
tempestades
derriben los andamios de la casa:
la vida auténtica aún por construir por habitar
V
Nuevos peligros nos pueden acechar
y nos cogen aún con el pijama endebles
e impotentes sin poder atender esa visita
que quizás poseyera la clave de poner del reverso
todo aquello que inquieta
Qué consuelo qué descarga confiar
en la amiga que es la madre aunar fuerzas
lo que yo hubiera querido para mí:
una palabra diáfana bisturí sanador con que extirpar
ese nudo enquistado de la confusión
Regar después con agua orientadora
la sequedad del lodo para que cuerpo y alma
no acaben agrietándose en lo yermo
|
VI
Pero vivir poder palpar el pulso de las horas
abrirse al escenario esplendoroso que es la vida
aun en días de lluvia en donde nos parece
que el verdor penetrante se apaga que se entumece
el suelo ablandando sus huesos
Pero era solo apariencia pues al día siguiente aún
traspasa tu olfato el suspiro mojado de la tierra
Pero al día siguiente resucitan
dulces extremidades con brillantes agujas
que van tejiendo el cielo de presagios azules
nacarados
Y es entonces cuando nos estremece
el mínimos temblor
de un diminuto ser alado en una hoja gesto único
que de pronto en un revelador instante
clarifica y condensa lo vivido desahucia y destierra
todo naufragio lo convierte en trivial espejismo
Y es entonces cuando dejas que el ángel humano
bienhechor te acoja y te revele los caminos auténticos
que nos encauzarán
hacia el esfuerzo la dicha y la concordia
|