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A Jorge Stojsic
I
No recorrí aquel pasillo
ni alcancé aquel cuarto
donde posar los ojos
sobre la linea alba de un durmiente
amparado por el sueño.
Ese sueño moroso,
el de soñar, no el de dormir,
ese del que, recuperado un verso,
salvada quedará la noche.
Y aún hay un sueño más,
ávido, esperado,
el más perentorio
al que colmo de un deseo
compartido pero egoísta,
el de recorrer aquel pasillo
y alcanzar aquel cuarto.
II
Culparé de esto que escribo
a las cinco vocales
de mi lengua y mi nombre.
Las cinco del alfabeto
señaló un día el avezado poeta
en su calma de mirada vaga.
Habitan ahí tanto tiempo
que me siento dichosa
de que desde un principio
se adueñaran de mi nombre.
Por el milagro de la invención,
de forma misteriosa
transito entre palabras
que siempre las ocupan
y con ellas evoco
de igual manera el amor,
el dolor y la dicha
aunque sea difícil lograr
el acento exacto que hable
del recuerdo de una piel
conmovida por la caricia cercana
de un murmullo amoroso.
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SABINA MATEO LEÓN
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