ALGA Revista de Literatura
nº91-92 - Año 2024




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Enric Velo
  • Lucía León
  • Goya Gutiérrez

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Foto de la colección "Paisajes para un sueño"
      de Teo Serna

    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/

    Páginas centrales - 2ª parte

    José Luis Morante



    Foto: Javier Cabañero Valencia

    El suelo movedizo del poema

    Datos biobibliográficos

    Selección de poemas (1990-2024)

    SELECCIÓN PROPIA (1990-2024)

    Por José Luis Morante

    HETERÓNOMOS

    Dentro de mí conviven, abocados
    a una inmensa rutina sedentaria,
    el yo que pienso y otro, el que parezco.
    Un pacto, que firmaran con los ojos,
    les conmina
    a respirarse en cierta tolerancia,
    y ambos han sido absueltos
    de mencionar, siquiera,
    cuál fue la última causa
    que les diera la vida.

    Cada uno tiene ya su enclave exacto:
    el yo que pienso
    habita, día y noche,
    la intimidad de estas cuatro paredes.
    Es semejante a un niño que olvidara crecer,
    y por lo mismo
    nada en el mar de una sabia ignorancia.
    ("Acaso sea el invierno…
    es razón suficiente para explicar el cosmos ")
    Y balbucea. Ríe.
    Se pierde en los espejos. Gesticula.
    Colecciona recuerdos como si fueran conchas
    que ha enterrado el olvido.

    A veces llora, y viste el jersey gris
    de la melancolía;
    entonces toma un folio,
    donde inicia el galope un sentimiento
    y se hace reo de pertinaz tristeza,
    hasta que traspapela la mirada
    y descubre, cansado,
    que afuera cae la lluvia
    y mojan su perfil
    unas livianas gotas de mi nube.

    El que parezco
    está en la calle de continuo.
    Todos le conocéis
    pues con todos comparte ese pan y esta sal
    que, bajo el brazo, trae la vida;
    las cotidianas dosis
    de angustia existencial, trabajo y ruido.
    Con él tropiezo,
    una tarde cualquiera,
    al doblar una esquina,
    y tras justificarme torpemente
    (Hallé la puerta abierta
    y me aburría…"),
    me despido gozoso y luego marcho
    -el paso lento, sepultadas las manos
    en los amplios bolsillos del vaquero-
    a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

    De Rotonda con estatuas, 1990

    AÚN TE DESCONOZCO

    No niego la esperanza,
    pero nunca me tiende su solidaria mano
    y ya me gustaría -como antaño a los pícaros-
    cambiar si no de oficio de condición al menos.
    Como suele ser norma,
    hoy también ha fallado el desenlace
    que vertebra la página del día.
    Otra vez estoy solo; aún carezco
    De imprescindibles labios
    Para firmar con nadie una posible tregua.
    Cuando espesó la noche,
    Acogió mi pletina la acuática de Haendel
    y he recorrido hipótesis,
    buscando explicaciones de papel.
    Desconozco tu nombre,
    no sé medir el hueco que cabe en tu pupila.

    De Enemigo leal, 1992

    EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES

    El arte de vivir los lunes
    requiere cierta práctica y algo de teoría,
    saber de estratagemas y confabulaciones
    y adjetivar la prosa cotidiana
    con una terca voluntad de estilo.
    Incontables acechan
    los peligros desde el primer café,
    crecen cuando un olor
    anuncia escuetamente la leche derramada,
    se reproducen con duración de días laborables
    y en guardia se mantienen,
    tal seguros precintos,
    entre los pasajeros del tren crepuscular
    que nos devuelve a casa,
    al reclamo del lecho hospitalario.
    El arte de vivir los lunes
    sobrevive y se esconde
    en vacuas reflexiones como esta:
    nada es eterno, salvo un lunes.

    De Población activa, 1994

    UNA CALLE VACÍA

    Hoy recorren mis pasos esa calle
    que no esconde ningún itinerario.
    Todas las calles fluyen dócilmente
    al mar de cualquier sitio,
    cierran con parsimonia una distancia;
    pero ésta alarga al infinito su trazado,
    pretendiendo ignorar dónde concluye.
    Amo el cuello sumiso de sus verdes farolas,
    los reflejos chillones de sus autos a plazos,
    la cal que habitan líquenes y musgos;
    y amo sus papeleras -cielos para despojos-,
    singulares regazos donde nada perturba
    el aliento feliz de lo caduco.

    De Población activa, 1994

    EL PICAPORTE

    Casi nonagenario
    -después de quince años de ceguera-
    la evocación a tientas del pasado
    equivale en mi padre
    a resistencia.
    El ahora es relente,
    una cronología que tortura
    con terapias y síntomas,
    e ignora el leve aroma
    de las flores de invierno.

    Mi sedentaria angustia,
    a cuerpo limpio,
    no deja de pensar en cómo observa
    aquello que no ve;
    con serena sonrisa
    enumera detalles
    que debieron ser ciertos
    y yo escucho sonámbulo,
    mientras cierro los ojos.
    Todo pasó, no importa
    si el pasado no asiente
    o la estricta verdad le contradice.

    A veces su mirada resucita.
    Posiciona en un mapa
    imágenes dispersas.
    Su voluntad es luz;
    es el tacto que gira el picaporte
    para abrir desde dentro
    la puerta infranqueable.

    De Ninguna parte, 2013


    Cebula II (Grabado)

    MARYNA VASHCHENCO (IRPÍN)

    NADAR EN SECO

    El tiempo que no tuve, nada en seco.
    En él cada brazada recolecta
    los acordes secretos de la profundidad.
    De cuando en cuando,
    rasgan la superficie huecos húmedos
    de cuyo fondo emergen
    estelas de luciérnagas.
    Mas un sudor salobre
    desdice la quietud,
    impulsa cercanía
    hacia el contorno exacto del trascielo.

    No dejo que el cansancio me carcoma.
    Sacudo el agua ausente.
    En los brazos maltrechos
    hay jirones de mí.

    NUBE

    Conoce la indigencia
    el pacto con mi sed adormecida.
    Al descorrer su velo la mañana
    la recibo en silencio y nada pido.
    Si acaso, el afán limpio de una nube
    que dibuje al descuido su textura,
    la silente veleta de una niñez ingrávida.

    Y que la nube un día
    sea brote, secreto fugitivo
    en la estepa del cielo;
    lluvia fértil
    que asienta entre los párpados
    un temblor auroral,
    la claridad pujante del comienzo.

    EPIFANÍA

    Ordinal necesario,
    la pulcritud se aplica en dar forma y textura
    al poema feliz.
    Es palabra con alas que difunde
    el hilo en el ovillo
    de los sueños.

    El poema desciende luminoso,
    anuda la belleza
    y remoza pequeños propósitos baldíos
    pues no contiene lastre
    y conoce remedios
    contra el cerco famélico
    de cualquier decepción.

    Auroral, el poema
    asordina la angustia
    y no marchita pasos
    en la tierra de nadie
    del chantaje afectivo.

    Sus palabras exigen
    que tenga la avidez
    salina de lo intenso
    y disloque en el aire
    toda asepsia expresiva.
    Que soporte la ley
    gravitatoria del trapecio
    y se mantenga
    sobre la cuerda frágil de sí mismo,
    como un don disponible
    que sostiene el azul
    y todo empieza.

    Debe saber también,
    hecho gesto final,
    guardar el extravío
    bajo techo.

    AQUÍ

    Nada y todo ocurre en todas partes
    PHILIP LARKIN

    Es aquí donde estoy,
    tras las grietas de un yo parapetado
    en las profundidades
    de sí mismo.

    Habito un cuarto exiguo
    donde nada hay detrás
    salvo el vacío
    de paredes sin lustre.
    Soy un plano que muestra,
    maltrecho y solitario,
    el retraso gastado de caminos
    que ya se desvanecen.

    Mi reclusión carece de secretos.
    En las puertas del frío,
    necesito encontrar
    en cualquier parte
    el refugio pactado,
    un cuerpo que sostenga
    el temblor de la luz.

    De Nadar en seco, 2022

    ALCANTARILLAS

    Hábitat de la noche.
    El rojo escalofrío
    de una rata furtiva
    distancia mi linterna.

    Cerca, suena un goteo
    con trasiego de sístole.
    La percusión empoza
    el manchón aterido de los muros.

    Aquí yace dormida la belleza;
    su destello cansado dictamina
    que ningún cielo existe.

    En el hedor, la náusea;
    continuas advertencias
    de mi desasosiego.
    Pero nada socava
    el afán de seguir.

    Camino a tientas.
    Sé que soy mientras busco.

    De Nadar en seco, 2022

    DESPEDIDA

    Cada lunes, domingo,
    porque lo cotidiano
    rompe en ti sus fronteras
    y autoriza
    ecuaciones resueltas,
    con vocación de luz y mediodía.
    Contigo se deshojan los eclipses
    y me roza la piel
    la memoria con sal de los veranos
    hecha instante sin horas.

    Si abre la puerta un día la intemperie
    y arraiga en el cristal
    ese desahucio que llamamos olvido,
    si apuro
    manuscritos de soledad, nada y ceniza,
    no te despidas nunca;
    haz de mi desamparo día festivo,
    también cuando te vayas quédate.

    (Inédito)