José Luis Morante

Foto: Javier Cabañero Valencia
El suelo movedizo del poema
Datos biobibliográficos
Selección de poemas (1990-2024)
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SELECCIÓN PROPIA (1990-2024)
Por José Luis Morante
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HETERÓNOMOS
Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
("Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos ")
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
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A veces llora, y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(Hallé la puerta abierta
y me aburría…"),
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.
De Rotonda con estatuas, 1990
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AÚN TE DESCONOZCO
No niego la esperanza,
pero nunca me tiende su solidaria mano
y ya me gustaría -como antaño a los pícaros-
cambiar si no de oficio de condición al menos.
Como suele ser norma,
hoy también ha fallado el desenlace
que vertebra la página del día.
Otra vez estoy solo; aún carezco
De imprescindibles labios
Para firmar con nadie una posible tregua.
Cuando espesó la noche,
Acogió mi pletina la acuática de Haendel
y he recorrido hipótesis,
buscando explicaciones de papel.
Desconozco tu nombre,
no sé medir el hueco que cabe en tu pupila.
De Enemigo leal, 1992
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EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES
El arte de vivir los lunes
requiere cierta práctica y algo de teoría,
saber de estratagemas y confabulaciones
y adjetivar la prosa cotidiana
con una terca voluntad de estilo.
Incontables acechan
los peligros desde el primer café,
crecen cuando un olor
anuncia escuetamente la leche derramada,
se reproducen con duración de días laborables
y en guardia se mantienen,
tal seguros precintos,
entre los pasajeros del tren crepuscular
que nos devuelve a casa,
al reclamo del lecho hospitalario.
El arte de vivir los lunes
sobrevive y se esconde
en vacuas reflexiones como esta:
nada es eterno, salvo un lunes.
De Población activa, 1994
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UNA CALLE VACÍA
Hoy recorren mis pasos esa calle
que no esconde ningún itinerario.
Todas las calles fluyen dócilmente
al mar de cualquier sitio,
cierran con parsimonia una distancia;
pero ésta alarga al infinito su trazado,
pretendiendo ignorar dónde concluye.
Amo el cuello sumiso de sus verdes farolas,
los reflejos chillones de sus autos a plazos,
la cal que habitan líquenes y musgos;
y amo sus papeleras -cielos para despojos-,
singulares regazos donde nada perturba
el aliento feliz de lo caduco.
De Población activa, 1994
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EL PICAPORTE
Casi nonagenario
-después de quince años de ceguera-
la evocación a tientas del pasado
equivale en mi padre
a resistencia.
El ahora es relente,
una cronología que tortura
con terapias y síntomas,
e ignora el leve aroma
de las flores de invierno.
Mi sedentaria angustia,
a cuerpo limpio,
no deja de pensar en cómo observa
aquello que no ve;
con serena sonrisa
enumera detalles
que debieron ser ciertos
y yo escucho sonámbulo,
mientras cierro los ojos.
Todo pasó, no importa
si el pasado no asiente
o la estricta verdad le contradice.
A veces su mirada resucita.
Posiciona en un mapa
imágenes dispersas.
Su voluntad es luz;
es el tacto que gira el picaporte
para abrir desde dentro
la puerta infranqueable.
De Ninguna parte, 2013
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Cebula II (Grabado)
MARYNA VASHCHENCO (IRPÍN)
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NADAR EN SECO
El tiempo que no tuve, nada en seco.
En él cada brazada recolecta
los acordes secretos de la profundidad.
De cuando en cuando,
rasgan la superficie huecos húmedos
de cuyo fondo emergen
estelas de luciérnagas.
Mas un sudor salobre
desdice la quietud,
impulsa cercanía
hacia el contorno exacto del trascielo.
No dejo que el cansancio me carcoma.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay jirones de mí.
NUBE
Conoce la indigencia
el pacto con mi sed adormecida.
Al descorrer su velo la mañana
la recibo en silencio y nada pido.
Si acaso, el afán limpio de una nube
que dibuje al descuido su textura,
la silente veleta de una niñez ingrávida.
Y que la nube un día
sea brote, secreto fugitivo
en la estepa del cielo;
lluvia fértil
que asienta entre los párpados
un temblor auroral,
la claridad pujante del comienzo.
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EPIFANÍA
Ordinal necesario,
la pulcritud se aplica en dar forma y textura
al poema feliz.
Es palabra con alas que difunde
el hilo en el ovillo
de los sueños.
El poema desciende luminoso,
anuda la belleza
y remoza pequeños propósitos baldíos
pues no contiene lastre
y conoce remedios
contra el cerco famélico
de cualquier decepción.
Auroral, el poema
asordina la angustia
y no marchita pasos
en la tierra de nadie
del chantaje afectivo.
Sus palabras exigen
que tenga la avidez
salina de lo intenso
y disloque en el aire
toda asepsia expresiva.
Que soporte la ley
gravitatoria del trapecio
y se mantenga
sobre la cuerda frágil de sí mismo,
como un don disponible
que sostiene el azul
y todo empieza.
Debe saber también,
hecho gesto final,
guardar el extravío
bajo techo.
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AQUÍ
Nada y todo ocurre en todas partes
PHILIP LARKIN
Es aquí donde estoy,
tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de sí mismo.
Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás
salvo el vacío
de paredes sin lustre.
Soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de caminos
que ya se desvanecen.
Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
en cualquier parte
el refugio pactado,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.
De Nadar en seco, 2022
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ALCANTARILLAS
Hábitat de la noche.
El rojo escalofrío
de una rata furtiva
distancia mi linterna.
Cerca, suena un goteo
con trasiego de sístole.
La percusión empoza
el manchón aterido de los muros.
Aquí yace dormida la belleza;
su destello cansado dictamina
que ningún cielo existe.
En el hedor, la náusea;
continuas advertencias
de mi desasosiego.
Pero nada socava
el afán de seguir.
Camino a tientas.
Sé que soy mientras busco.
De Nadar en seco, 2022
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DESPEDIDA
Cada lunes, domingo,
porque lo cotidiano
rompe en ti sus fronteras
y autoriza
ecuaciones resueltas,
con vocación de luz y mediodía.
Contigo se deshojan los eclipses
y me roza la piel
la memoria con sal de los veranos
hecha instante sin horas.
Si abre la puerta un día la intemperie
y arraiga en el cristal
ese desahucio que llamamos olvido,
si apuro
manuscritos de soledad, nada y ceniza,
no te despidas nunca;
haz de mi desamparo día festivo,
también cuando te vayas quédate.
(Inédito)
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