ALGA Revista de Literatura
nº90 - otoño 2023




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Enric Velo
  • Lucía León
  • Goya Gutiérrez

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Foto de la colección "Mimiamimemima"
      (Miami, EE.UU., 2022)

      de Eduard Reboll

    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/

    Libros comentados

    GOYA GUTIÉRREZ

    Es miembro del Grupo de Poesía ALGA y dirige la revista ALGA desde 2003.
    Ver http://goya-gutierrez-lanero.com/



    Wyoming (1983-2020)
    de Jaime D. Parra
    Animal Sospechoso Editor. Barcelona, 2022.
    Poesía. 137 páginas

    WYOMING, LA LUZ DEL EXILIO

    Jaime D. Parra (Huércal-Overa, 1952), poeta, ensayista y estudioso de los símbolos, nos sorprende con su libro Wyoming. Guiado por su irracionalismo lírico, construye una peculiar creación verbal: la de una entidad onírica femenina, Ella, que identifica con el alma. El libro surgido de un sueño en 1983, fue creciendo hasta 2020. Surge así una expresión onírica y simbólica que corre paralela a sus vivencias externas e internas. Y no es de extrañar, pues ya antes en diferentes escritos muestra interés por las claves de la simbología y por grandes figuras del pensamiento místico, como Jung, Eliade, Bachelard, Cirlot, Corbin, Zolla, Scholem, Blake, Hölderlin, Novalis, y por diversos libros sapienciales de Oriente y Occidente. Parra, coordinador también de antologías de poesía de mujeres, y de lecturas poéticas Radical 3, quiso dar a su libro un sentido especial de sensibilidad, tendente a algo universal. Wyoming es, pues, un libro poético especial, el más apreciado por su autor entre los siete poemarios que ha publicado.
    Enmarcan el texto, dividido en nueve capítulos (número simbólico), un prólogo de Neus Aguado, donde señala: -"La certeza onírica es, a veces, más poderosa que la supuesta realidad en la que nos desenvolvemos con torpeza" (pág. 8)-, y un epílogo, firmado por Leglace, que entre otras cosas, define al libro como "una mística de la vida post mortem". La relación entre la mística y la experiencia interior con la muerte, ha sido tratada por autores como: san Juan de la Cruz, Trakl, María Zambrano… Esta última, por ejemplo, dice en su libro Algunos lugares de la poesía: "Lo primero que se echa de ver en el místico es una soledad sin compañía posible, (…) una soledad incomunicable que hace que le sepa la vida a ceniza" (…) "Y así vemos que el místico ha realizado toda una revolución, se hace otro, se ha enajenado por entero; ha realizado la más fecunda destrucción, que es la destrucción de sí mismo, para que (…) en este vacío, venga a habitar por entero otro" (pág. 127).
    Precisamente el poemario Wyoming, de inspiración mística, se inicia como un "Himno" como una destrucción, una pérdida de sí mismo, la del cuerpo: una incineración. A partir de un sueño del sujeto poético, éste puede contemplar esa cremación de su propio cuerpo del que se desprende el alma, que se convertirá en la amada. Un "himno" que nos sitúa sobre los nombres: "Wyoming, la luz del exilio" "incendio" "nieve" "sol" "sueño" "arena" "soledad".
    Luego en el capítulo segundo, una bella cita de Georg Trakl centra la atmósfera del alma interior: "El alma es una extranjera en la / tierra. Sagrado se oscurece / el azul sobre el bosque". Y cierto aroma de melancolía y ebriedad a lo Trakl se derrama por los versos. Así, es ebrio el colorido mismo de adjetivos que pintan, de forma expresionista, el paisaje, quizás con colores más afines a lo alquímico, transmitiéndonos poco a poco un sentido de extrañeza. Como en san Juan, la mirada enciende el amor del sujeto poético hacia su propia alma: Wyoming. Y qué consuelo maravilloso para el amante: "Entonces nada es inerte" (pág. 35), "cuando ya no se puede morir más" (pág. 36); nos dice en el tercer capítulo.
    Lejos ya de la vida de los hombres y lejos de su vida, Wyoming cruza por el capítulo quinto, "Transmutaciones", por un escenario poético nuclear de la mística amorosa, donde la amada se transmuta en paisaje. Se intensifica también la importancia de la mirada, entre símbolos oníricos, de los colores, de los sentidos de la vista y el olfato formando sinestesias: "Pero tú conservas aún / el perfume de las acacias entre nieves / en tránsito y aves migratorias" (pág.75).
    En el capítulo sexto, "Nocturnos y espesuras", y concretamente en el poema inicial "A oscuras, la guía", encontramos también una atmósfera de aromas sanjuanistas cercano a la noche oscura: "En la noche / todo límite se borra y se reúne" (pág. 83); "Por entre el espesor de lo oscuro / y lo negro / un ser vive entre las flores." (pág. 85); para anticipar ciertas definiciones del alma, de una gran belleza como las que vienen más tarde, en el capítulo séptimo, con cierto sabor bíblico: "Como gacela en las praderas, como tórtola /en las huertas / es Wyoming. / Como ágata entre las piedras, como lino en/ la hierba" (pág. 106).
    El poemario sigue su propia vía y una ascensión particular, que deja atrás el incendio, el exilio, la travesía del desierto, el éxodo de la extranjera, y persigue el peregrinaje que se torna epifanía, la revelación del alba, en el capítulo octavo, en que el paisaje se transforma en algo paradisíaco, en un lecho mullido que el amante, sujeto poético, prepara a la amada Wyoming, el alma, en que hasta el león se ha de tornar manso y vegetariano, y el hombre debe seguir las bondades y los dioses ya no necesitarán más ritos ni ofrendas; la utopía quizás, del no-tiempo, no-dolor, no-muerte.
    En el capítulo noveno, "Hacia la nueva luz del día", eco del Libro de los Muertos, concluye el libro con el poema "Último tránsito", camino hacia la transmutación (todo es alquimia). Todo es conversión en escritura. El libro finaliza con un último sueño: cuando estalla el cubo celeste (universo): "Entra / entra en la luz" (p. 132), y el círculo se cierra y se abren los párpados. Alucinante aventura mística la de Wyoming.

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