ALGA Revista de Literatura
nº90 - otoño 2023




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Enric Velo
  • Lucía León
  • Goya Gutiérrez

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Foto de la colección "Mimiamimemima"
      (Miami, EE.UU., 2022)

      de Eduard Reboll

    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/

    Libros comentados

    CARLOS FERRER

    CARLOS FERRER ejerce la crítica desde 2014 en la revista quiteña Rocinante y la ha ejercido en el suplemento literario "Arte y letras" del diario Información de Alicante (2002-2017). Académico por la Academia de Artes Escénicas de España y miembro de la Asociación Española de Críticos Literarios, ha publicado artículos en revistas de Bulgaria, Brasil, México, Serbia, Nicaragua, Ecuador, Uruguay, Colombia, Chile y España; es responsable de la edición de la antología de relato Ecuador en corto (PUZ, 2020) y de las antologías poéticas de Antonio Machado Soñando caminos y de Miguel Hernández Me llamo barro, impresas por la editorial ecuatoriana Libresa. Ha escrito la biografía teatral del narrador ecuatoriano Pablo Palacio, publicada por la Universidad Nacional de Loja, y ha sido jurado en premios como el Ciudad de Villajoyosa 2007, Azorín 2016 y 2022, Ciutat d'Alcoi 2016 y 2019, Enric Valor 2019-2022, Antoni Bru 2017 y el Premio de la Crítica 2017.



    La Rive Gauche.
    Arte, pasión y el renacer de París

    de Agnès Poirier
    Paidós, Barcelona, 2021.
    Ensayo, 384 páginas.

    La década del teatro del absurdo, del nouveau roman, del existencialismo, de la abstracción geométrica en la pintura, la reconstrucción de una época y de la vida de unos intelectuales que influyen en la posguerra europea de manera decisiva cuando "París era a un tiempo refugio y puente hacia otra forma de pensar" y cambiaba "la forma de mirar las cosas y a las personas". Aunque se remonta a 1938 para contextualizar el desastre militar francés que solo atisbó Jacques Jaujard (puso a salvo las piezas artísticas del Louvre en la campiña francesa), Agnès Poirier se centra en la década de los cuarenta para desarrollar la "polinización cruzada" de artistas contrarios al adocenamiento burgués, que tuvo lugar en la célebre capital parisina durante el decenio citado, con mayor atención al terceto Albert Camus-Simone de Beauvoir-Jean-Paul Charles Aymard Sartre. Sartre, autor entre otros de Mallarmé: la luz y su cara de sombra y de San Genet, comediante y mártir, entiende el compromiso como una exigencia de situarse ante la urgente actualidad y rechaza la evasión de la actualidad por no comprometerse y no dictaminar sobre lo que ocurre, esquivar el prematuro pronunciamiento, no escribir sobre los sucesos a medida que se presentan, no entrometerse en un análisis apremiante ya sea necesario o no. El compromiso literario se manifiesta, según Sartre, en cuanto a la elección del tema por cuanto es respuesta a una inquietud social, porque para el escritor francés "la literatura de una época es la época digerida por su literatura". Dirigirse al hoy, compromiso y actualidad, análisis y valoración de esta. Sartre utilizó su revista Les Temps modernes para difundir su filosofía de la existencia y desarrollar su concepto de compromiso y responsabilidad moral, que tanta resonancia tuvo entre la juventud como rechazo por el Partido Comunista.
    En su libro, Pourier, que tiene una meritoria capacidad para pasar de un protagonista a otro sin que la narración de los hechos se resienta o parezca abrupta, explica por qué los nazis llamaron la ciudad sin ojos a París tras su toma, hilvana detalles anecdóticos para trazar la presencia de los nazis en París y su influencia en la vida de los intelectuales, indica la colaboración de Beckett con la resistencia, la promiscuidad de Beauvoir a pesar de que Sartre estaba preso en Alemania, la creación de Les Éditions de Minuit y el éxito de El silencio del mar, la subsistencia de la editorial Gallimard, el exilio de Breton ("su voz meliflua de barítono y su tono imperioso"), por qué la novela La invitada de Simone de Beauvoir "electrizó" a toda una generación, cómo el joven poeta Jean Cau se convirtió en secretario de Sartre y cómo se gestó El segundo sexo de Simone de Beauvoir, consumidora de ortedrina (como Sartre lo era de anfetaminas) que llevaba una vida "modelo de emancipación, un modelo al que aspiraban las nuevas generaciones", envidiado y odiado, sin ataduras, y que descubrió el jazz como forma de vida en su gira norteamericana.
    Poirier recuerda que la RAF lanzó miles de octavillas de los veintiún cuartetos del poema "Libertad" de Paul Éluard, poeta cuyo talento "trascendía siempre la categorización, las modas y las épocas"; y que Marguerite Duras, funcionaria del Comité de Libros, albergaba en su casa a comunistas en fuga; señala el motivo de las numerosas ventas del tratado filosófico de Sartre El ser y la nada, editado por Gallimard por recomendación de Jean Paulhan; tilda de "tiempo de sonambulismo frenético" el inicio de 1944 tras el crudo y gélido invierno de 1943; cuenta el motivo por el que Camus (ese "liberal no comunista" que predicaba una tercera vía en la política francesa) abandonó la dirección teatral de A puerta cerrada de Sartre; asegura que Cocteau vivió en una burbuja, ajena a toda política y circunstancia social y que Gerard Heller tuvo que enterrar bajo un árbol entre las calles Constantine y Talleyrand el manuscrito de Ernst Jünger Paz para "salvarse a sí mismo"; rememora el funeral de Estado de Paul Valéry y la condena al mariscal Petain (1945); cuantifica, en otoño de 1945, la ración mensual de vino en un litro por persona en París; destaca "la falta de efervescencia intelectual en Gran Bretaña"; cuenta los inicios de Juliette Gréco, Norman Mailer y el bisexual Marlon Brando antes de ser famosos, cómo Boris Vian entró en el círculo de amistades de Beauvoir, cómo llegó a París el novelista estadounidense Richard Wright y sus primeros meses en la capital junto a los existencialistas, los constantes y breves romances de Camus y Sartre y Beauvoir con los nuevos integrantes de sus círculos de amistades (París era "la capital del pecado y de la ambigüedad moral"), que Beckett (esa figura solitaria artífice del "asedio en la habitación") fue secretario de Joyce y que Arthur Koestler estuvo enrolado en la Legión Extranjera cinco años para huir de los nazis, es decir, una sucesión de aventis, de numerosos apuntes biográficos de disputas, romances, amistades, pugnas, publicaciones, acontecimientos, comportamientos, defectos y las inevitables contradicciones entre la vida pública y la privada.
    En otoño de 1947, la guerra fría cultural estalla y todo se polariza más si cabe, o con los comunistas o contra ellos hasta el punto de que "las tácticas paroxísticas de los comunistas habían transformado el debate público en un psicodrama interminable". Los comunistas, para quienes la cultura era un vehículo más para la propagación del discurso político comunista, atacaban sin miramientos a Malraux, Gide, Mauriac, Koestler y, por supuesto, a Camus, Sartre y Beauvoir. La fundación de la Unión Democrática Revolucionaria (RDR), partido que no cuajó en la esfera política francesa y que buscaba ocupar una tercera vía ajena a comunistas y gaullistas, con la participación directa de Sartre hizo que las críticas llegaran incluso al terreno personal.
    Al concluir el libro en 1950, quedan fuera las polémicas de Sartre (rechazado por entonces tanto por comunistas como por el Vaticano) de 1952 con Camus sobre el gulag soviético y de 1953 con Merleau-Ponty sobre el conflicto coreano, que confirman el deterioro de una amistad y que resultan fundamentales en la trayectoria sartreana, como queda fuera el libro de Camus El hombre rebelde (1951) y la opresión colonial desde 1954. Estamos ante un ensayo que se lee como una novela coral, una crónica sentimental de una década que fue y que ya no puede regresar, porque la margen izquierda del Sena es solo un lugar caro que vive del rentable recuerdo. Atrás queda cuando la margen derecha era la zona de los ricos, los diplomáticos, los hombres de negocios y la izquierda era la pobre, la intelectual, la de los literatos "que liquidaron la moralidad burguesa y llevaron al vodevil a la categoría de arte".

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