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EL HALCÓN
Llegó el día de pagar la cuenta.
Abrió sus alas el halcón egipcio,
se deshizo el papel en amarillos,
el pan se endureció en las alacenas.
Duelen las manos de llevar el peso
de tanto amor trenzado con la carne.
Duele el alma de ver rota la imagen
con que jugamos cuando éramos tiernos.
Sería fácil morir, mas aún aguarda
el tiempo en su pasión la valentía
de hilar con paso humilde un nuevo baile
y así volar al sol sin arrogancia,
engalanar con oro cada día,
desmigarse y honrar lo que aún nos falte.
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ESTA INQUIETUD BRILLANTE
Yo dudo de muchas cosas,
pero no dudo de que el vino es importante
Alejandro Quintillá
Esta inquietud brillante preludia
el codiciado hallarnos,
reposadas las manos en la madera bruna
o bailando en el aire con las palabras,
como es costumbre en las tierras
que tienen por nodriza a nuestro mar.
Vertiendo el tiempo en las copas del goce,
sabedores de tanta fortuna
inmerecida.
El peso del vacío se deshace
en un sereno torbellino de choques de cristal
colmado de oro, de ámbar o rubí,
paladeados,
amasados
con las confidencias y las risas,
con el descanso del dolor abierto,
las tintineantes fruslerías
o el encontrarse
delicadamente en lo sublime.
O en sólo estar
y respirar el mismo aire,
animales íntimos
hechos para tejerse unos con otros
como los solitarios átomos
que al cabo alumbran
la inexplicable historia del corazón.
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