ALGA Revista de Literatura
nº88-89 - primavera 2023
40 aniversario / 1983-2023




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Enric Velo
  • Lucía León
  • Goya Gutiérrez

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Iglesia de los Franciscanos (Lucerna, Suiza)
      de Enric Velo


    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/

    Páginas centrales

    Antología poética de Ignacio Gamen


    Presentación y biobibliografía por Ignacio Gamen

    Selección de poemas por el propio autor


    SELECCIÓN DE POEMAS: Ignacio Gamen

    NOCTURNO

    Un cristal puro y sin cuerpo
    es el aire de la estancia,
    en él quedaron suspensos
    los recuerdos y las lágrimas.

    Un rayo de luna gris
    en la penumbra se clava
    y entre las redes del aire
    su acero pálido encalla.

    Al sesgo de la cortina
    mirando por la ventana
    una figura de cera
    de pupilas congeladas.

    Una mano lenta, leve,
    se pasea fría y lánguida
    sobre las teclas de un piano
    brotando notas aisladas
    que ahogan sus vibraciones
    en la quietud de la sala.

    Palabras de barro, 1992


    Garras

    ANTONIO MONTERROSO

    VAGANDO POR EL PÁRAMO

    Los caminos se deslizan
    entre barbechos peinados por la reja,
    emergen y se sumen
    en el seno de un mar
    ondulante de lomas y cabezos.

    Las nubes pasan lentas.
    Sus sombras acarician las colinas
    peladas, los bancales
    sembrados, los barrancos
    pedregosos, el llano desolado.

    Encima de un otero,
    expoliada, la ermita de algún santo
    -otrora protector
    de una aldea olvidada-
    sestea cual leona envejecida.

    Sobre el páramo ciernen
    sus siluetas sombrías las rapaces.
    Un alma, vacua y fría
    como templo sin dios,
    yerra por los senderos pensativa.

    Palabras de barro, 1992

    ALBORADA

    Me levanté con la luz.
    En los tejados lavados
    por la lluvia descansé
    un momento la mirada
    enrojecida de insomnio.
    Luego, sentado a la mesa
    con la taza entre las manos,
    el calor, la suavidad
    y el temblor de tus mejillas,
    sobrecogieron mi piel.
    Mis labios -quizá en busca
    de algún póstumo placer-
    se apoyaron silenciosos
    y sensuales en tu frente.
    Ah, la fragancia oscura,
    subyugante, de tu pelo,
    invadiendo mis sentidos.

    Palabras de barro, 1992

    DESPERTAR DE LA ALDEA

    Esta noche los ángeles
    sobre la aldea
    han dormido olvidados
    de las estrellas.

    Procesiones de duendes
    por las aceras
    al rumor de los pasos
    se desperezan.

    Cimbalillos de acero
    entre las tejas,
    rechinar de gorriones
    que se despiertan.

    Dedos de nácar y oro
    hienden la niebla
    y al calor de su tacto
    se alza y bosteza.

    Despertar de los ángeles
    sobre la hierba,
    leve brillo de escarcha
    que se deshiela.

    Palabras de barro, 1992

    SEGMENTOS PARALELOS

    La probabilidad total del cosmos
    nos quiso dos segmentos paralelos,
    contingentes, en límites de tiempo,
    mínimos, breves, sí, mas ciertos, sólidos.

    Alumbró alguna estrella con su gozo
    de luz nuestras presencias y un reflejo
    exultante de amor y de deseo
    tremó en el caos: orto jubiloso.

    Allí existías tú, viva en tu pequeña
    extensión temporal, en una órbita
    ignorada, concéntrica a la mía.

    Envueltos en el halo de esa estrella
    que titila en la noche temblorosa,
    erramos paralelos nuestras vidas.

    Palabras de barro, 1992

    A LOS SÍSIFOS DE HOY, DE UN SÍSIFO CANSADO

    Denunciaste a los dioses y en tu sueño
    soberbio los vencías con argucias.
    Obviaste su venganza con fortuna
    a Tánatos burlando y al Infierno.

    Quizá creíste ser más fuerte que ellos
    altivo por el triunfo de tu astucia
    y en el cénit de aquel mar de locura
    soñaste ser caudillo de irredentos.

    Pobre loco. Los hombres no te escuchan,
    los dioses se sonríen y se burlan.
    Cargado con la roca de tus culpas

    asciendes cada día a la montaña
    y acechas, contumaz, una esperanza:
    que entre la niebla oscura alumbre el alba.

    Palabras de barro, 1992


    El astro Gol

    ANTONIO MONTERROSO

    DURO NÁCAR SIN FE

    Insistes tu presencia
    con asaltos periódicos que mellan
    mi vivir sosegado.

    Duro nácar sin fe
    soy ante ti, cual concha embarrancada
    que arrojas de tu seno

    y luego, volteándola
    en tus dedos, la arrastras unos palmos
    y liberas de nuevo.
    Te insinúas sutil:
    el paso de los años, un achaque,
    la muerte de un amigo;

    así la nube breve
    que eclipsa un instante el sol ardiente
    y estremece la piel.

    Insistes, te insinúas...
    pero oigo los himnos de tu hueste
    y te vuelvo la espalda.

    Palabras de barro, 1992

    Has vuelto la vista atrás
    pensando que, tras tus pasos,
    repitiendo tus palabras,
    alguien seguía tu rastro.

    Sólo el gemido del viento
    monótono y sin sentido,
    sólo tu sombra cansada
    siguiéndote en el camino.

    Tus ojos desengañados
    buscan siluetas lejanas.
    Y aunque el viento va implacable
    borrando tus huellas blandas,

    te vuelves a tu destino
    -lejano horizonte incierto-
    y vas sembrando palabras
    en los silencios del viento.

    Palabras de barro, 1992

    AL CAER DE LA TARDE

    Al caer de la tarde
    vagamos solitarios por el puente.
    Nos envuelven la sombra
    y el silencio de acero
    que proyectan los cerros sobre el río.

    Llegan las aguas mansas,
    oscuras, alevosas, a sus pies
    de piedra, y se hienden
    con gesto de dolor
    y gemido de rabia contenidos.

    Los juncos de la orilla
    se adentran temblorosos en las zainas
    corrientes que rebañan
    detritus y residuos
    y se alejan ahítas de inmundicia.

    Al caer de la tarde
    nos envuelve la angustia. Nuestros ojos
    se rehúyen. El tacto
    de las manos disipa
    -como el cierzo la niebla- nuestro hastío.

    Al caer de la tarde, 2000

    HUELE LA HIERBA A ESTIÉRCOL

    Huele la hierba a estiércol
    -en otro tiempo "hiede" hubiera escrito-
    aspiro con placer,
    parece que se aplaca
    este sordo dolor en nuca y sienes.

    Duermo tal vez. Acaso
    avanzan las hormigas por el cuerpo
    y en el rostro se posan
    las moscas a lamer
    los restos del sudor y de las lágrimas.

    En el seno del humus
    tibio, hundo los dedos. Siento un pálpito
    viscoso y frío. Siento
    la crispada ansiedad
    de las raíces. Siento que me esperan.

    Descenderán quizás
    los buitres al convite en que me ofrezco
    y en ellos encarnado
    remontaré a las cumbres
    y vagaré arrastrado por la brisa.

    Cuándo será que pueda,
    libre de la razón, volver al vientre
    de la tierra, maltrecha
    la soberbia humana,
    y empezar, siendo estiércol, otra vida.

    Al caer de la tarde, 2000

    COMO TRÁGICO VERSO DADÁ

    O gadji beri bimba glandridi laula lonni cadori
    (Hugo Ball)

    Como trágico verso dadá, clama,
    llora, reza, maldice o se lamenta,
    la voz de campesina que interpreta
    una absurda salmodia destemplada.

    La voz del periodista, mesurada,
    traduce: Se llevaron por la fuerza
    a mi marido. Tiene la cabeza
    cortada con un hacha y en la espalda

    dos balas... Son cuarenta y tres cadáveres...
    casi todos civiles... hay ancianos...
    niños... Sollozos. Silencio. Después

    la voz del locutor irrumpe grave:
    Un momento y volvemos. Damos paso
    a los mensajes de "El Corte Inglés"

    Al caer de la tarde, 2000

    BALADA POR LOS NIÑOS DE SARAJEVO

    Las hadas de la noche
    ocultaron las ruinas y el espanto
    con un lienzo de nieve.
    Amaneció un silencio
    virgen sobre la calle amortajada.

    Unos ojos de mármol
    parpadearon y, en pos de la quimera,
    volaron impacientes.
    Resonaban sus voces
    como ecos olvidados y entrañables.

    Un silbido de acero
    hirió los tímpanos, violó el hechizo.
    Mil fragmentos de risas
    quebrantadas quedaron
    esparcidos, mezclados con escombros.

    Los lobos angustiados
    aullaron y los cuervos en los árboles
    velaron los despojos.
    La especie de Caín
    calla. Vuelve a nevar en Sarajevo.

    Al caer de la tarde, 2000

    BALADA TRAS LA TORMENTA

    Escucha, afuera el viento
    ha amainado y la lluvia tenue esparce
    por el valle caricias
    de amante exhausto. Abre
    la ventana y asómate a la noche.

    Sentirás la serena
    coda de las tormentas de verano:
    los sollozos de las hojas,
    el llanto estridente
    y exangüe que destilan los aleros,

    el rumor del arroyo
    embravecido y bronco, el relente
    que estremece la piel,
    los reflejos violáceos
    y plata de la cólera de Zeus...

    Abrígate los hombros,
    nos esperan senderos empapados,
    siluetas misteriosas
    hebras de luz perdidas...
    Vamos, dame tu mano y paseemos.

    Al caer de la tarde, 2000

    SALMA II

    Con el corazón cerrado,
    ante la ventana abierta,
    solo, en su cuarto, sentado,
    los codos sobre el alféizar
    y los ojos en el Sur,
    David, desvelado, sueña
    envuelto en el agrio aroma
    de dos geranios. Y en vela,
    sobre el firmamento oscuro
    titila un tropel de estrellas
    y un cuarto de luna inunda
    con su luz la herida abierta.

    -- ¿Por qué no duermes, David?
    -- Mamá, ¿por qué no me dejas?
    No pasa nada, no puedo dormir,
    quería ver las estrellas,
    eso es todo. Y otra vez,
    por favor, llama a la puerta,
    no soy un niño pequeño.

    Pero la protesta suena
    como llamada de auxilio.
    Blanca despacio se acerca,
    le hace un masaje en los hombros,
    le acaricia la cabeza.
    Caen largos los minutos
    de silencio. Caen lentas,
    como el vaho en los cristales,
    por sus mejillas las penas.

    -- Lloras por Salma, ¿verdad?
    estás tan triste por ella.
    -- Déjalo, mamá; no juegues
    con mis sentimientos, venga.
    -- No estoy jugando, David,
    sé que tienes un problema.
    Me he dado cuenta esta tarde
    ¿te has enamorado de ella?

    David sigue contemplando,
    sin responder, las estrellas.
    Su madre calla un instante,
    luego con voz suave y tierna...

    -- ¿Se lo habrás dicho antes de irse?
    porque sería una pena.
    -- Se lo escribí en una carta
    que le he pedido que lea
    cuando esté lejos de aquí.
    -- ¿Y qué te ha dicho al cogerla?
    --Que por las noches mirase
    hacia el Sur pensando en ella,
    porque estaría mirando,
    sentada sobre la arena,
    al Norte pensando en mí...

    En su garganta se estrechan
    las palabras y sollozos.
    Enmudece. Blanca espera.
    Ya sereno, continúa.

    -- ¿Crees que volveré a verla?
    -- Esto que te está pasando
    es muy bonito, aunque duela.
    Conoces a una persona,
    eres feliz a su vera,
    te acostumbras y de pronto
    igual que vino se aleja.
    Pero no nos resignamos
    a la idea de perderla.
    -- ¿Y ella sentirá lo mismo?
    --Es posible. Pero piensa
    que al venir dejó en Tinduf
    pueblo y familia, y desea
    recuperarlos a todos.
    Seguro que cuando lea
    tu carta, será feliz.
    Pero has de tener en cuenta
    sus sentimientos. Tendrá
    un buen lío en su cabeza.
    Tiene un año más que tú
    y parecía que fuerais
    como amigos, como hermanos.
    Habrá sido una sorpresa.
    La imagino con tu carta
    contra el pecho, dando vueltas
    a cada frase y palabra...
    ¡Tendrás que esperar respuesta!
    Es muy tarde ya, David,
    anda, por qué no te acuestas.

    Le da un beso en la mejilla
    y se dirige a la puerta.

    Fragmento de Hay estrellas tras las nubes, 2004

    ALBORADA

    Se ha posado en el alféizar,
    como una paloma, el alba.
    Y en tus sueños has sentido
    el revuelo de sus alas.

    Abres los ojos, contemplas,
    con un temblor en los párpados
    y el codo sobre la almohada,
    el cuerpo del ser amado:

    El rostro tiene sumido
    en algún sueño que alienta
    en oleadas su cuerpo, ...
    tiene la boca entreabierta.

    Te incorporas a besarla,
    acaricias sus cabellos
    y abrazado entre sus olas
    te sumerges en su sueño.

    Cuando despiertas, es tarde.
    El día sobre el alféizar,
    con las alas extendidas
    de par en par, os espera.

    Antes que caiga la noche, 2014

    ESPARCES CON EL CUENCO DE LAS MANOS

    Esparces con el cuenco de las manos
    el agua por la cara. Luego extiendes
    la espuma, te acaricias y entretienes,
    tu rostro en el espejo contemplando.

    Tienes los ojos rojos y los párpados
    caídos e inflamados, en tus sienes
    blanquean los cabellos y la frente
    se agrieta, tal barbecho abandonado.

    Tal vez evocas otro espejo, otra
    imagen joven de sí misma entusiasta...
    Jugabas a Narciso ayer; ahora,
    la quimera de ser Fausto te halaga.

    Y sin embargo sonríes tranquilo,
    errante vagabundo sin destino

    Antes que caiga la noche, 2014


    Es clave, con E

    ANTONIO MONTERROSO

    EL BOL ESTÁ VACÍO

    A Tan Dun

    El bol está vacío,
    pero su cuenco de barro conserva
    el aroma del té.
    El bol está vacío,
    pero sienten las manos su tibieza
    que acaricia la piel.
    El bol está vacío,
    pero rebaña sus bordes la lengua
    avezada al placer.

    Está vacía tu alma.
    Pero en sus bóvedas vibran los ecos
    de los viejos acordes.
    Es ceniza tu llama.
    Pero en silencio aún alienta en su seno
    un vaho de emociones.
    Es tu rostro una estatua.
    Pero su mármol sucio cruzan, secos,
    dos regueros salobres.
    Eres un faro en ruinas
    erguido frente al mar inútilmente.
    De ti nadie se acuerda.
    El viento no me olvida:
    como arpa entre sus brazos se estremecen
    mis despojos de piedra
    y gimen con la brisa
    o braman cuando el viento se enfurece
    y estalla la tormenta.

    Los rayos vespertinos
    van alargando las sombras. Se acerca
    lento el anochecer.
    Aún no siento frío;
    cuando la noche tienda sus tinieblas
    acudiré a su red.
    El bol está vacío,
    pero su cuenco de barro conserva
    el aroma del té.

    Antes que caiga la noche, 2014

    CLARO DE LUNA

    Envuelta en la penumbra,
    tiembla la débil llama de una vela.
    Se hielan las agujas
    ancladas en la esfera
    y yerto calla el péndulo su infalible sentencia.

    Ha mucho decidiste
    no dar cuerda al reloj para que el tiempo
    fluya y se extinga libre
    de tictacs y goteos
    que alteran tu tranquilo caminar al silencio.

    Desgrana la sonata
    sus tres tiempos, adagio, allegro, presto.
    Tú tienes la mirada
    en el balcón y el cerco
    de tus labios musita: La luna está subiendo
    El valle yace en densa
    oscuridad. Un tenue claror traza
    la áspera silueta
    de sierras y montañas…
    y se asoma menguante, amarillenta, ajada.

    Sales de tu cubículo
    cual viejo lobo triste e imaginario;
    y con el cuello erguido
    y ojos emocionados
    pareces invocarla con la unción de un pagano.

    Ella sigue su ruta
    astronómicamente programada.
    Tú sigues en la luna.
    El valle duerme en calma
    y en el prado, un rijoso coro de grillos canta.

    -- ¿Qué haces en la terraza?
    Vamos adentro, estás cogiendo frío.
    Y la voz se te abraza
    y te arrastra consigo.
    -- Es que estaba…
                                 -- Lo sé, por la luna perdido.

    Para un próximo poemario

    Esta tarde de otoño,
    como un viejo disfraz de lentejuelas,
    las hojas de los chopos
    juegan y coquetean
    con los rayos del sol que se pone en la sierra.

    Basta una brisa suave
    y una lluvia de vanos oropeles
    palpitan en el aire,
    aletean, descienden,
    se posan en los prados, en el río se mecen.

    Y las sombras avanzan.
    Baja de los tejados el entrañable aroma
    de la leña quemada.
    El humo asciende, flota
    y se deslíe sobre la aldea silenciosa.

    Y las sombras avanzan.
    Pronto caerá la noche sobre el valle,
    y el río, las montañas,
    los prados y los árboles
    se irán desvaneciendo hasta velarse.

    Oirás la intermitente
    serenata del viento en la arboleda,
    el idilio perenne
    del agua con las piedras,
    el insomne gemir de la hojarasca yerta,

    que en juego cruel el viento
    persigue y arrincona en los recodos
    de las calles del pueblo.
    Y sentirás de pronto
    el arañazo agudo del relente en tu rostro;

    y tal vez te estremezca
    como un temblor de hielo por la nuca,
    y busques la tibieza
    del hogar, la ternura
    del abrazo que espera en la penumbra.

    Y al olor de sus cabellos,
    y al pálpito sereno de su espíritu
    y al humo del recuerdo,
    y al goteo fluido
    de un nocturno de piano, te quedarás dormido.

    Y mécete en el sueño.
    Ya escribirás mañana sin angustia
    estos sombríos versos,
    lentejuelas caducas
    que irán cayendo al fondo de la inmensa arca oscura.

    Para un próximo poemario

    LA NOCHE VENDRÁ PRONTO

    Ya ves, mujer amada,
    cómo declina el sol tras la cadena
    de sombrías montañas.
    Allá sobre las cumbres quedan
    unas brasas de amor que reverberan.

    La noche vendrá pronto
    y cubrirá de estrellas y ceniza
    el último rescoldo.
    Abrázame, mi vida,
    quiero, bajo tu piel, sentir la brasa viva.

    Aún tardará la Luna.
    Cojamos una manta y la linterna,
    caminemos a oscuras
    y, echados en la hierba,
    abrazados, miremos las estrellas.

    Aquella es la Polar
    -te digo y tú dibujas con el dedo
    el carro irregular
    y el mango casi recto.
    Luego callamos -grillos y silencio-

    y clavamos los ojos
    queriendo penetrar hasta el final,
    ingenuamente, el cosmos
    que crece hasta anular
    cualquier atisbo de ego o estima personal.

    Del todo anonadado,
    huyo la realidad, cierro los ojos,
    se me crispan las manos
    y los dedos ansiosos
    se aferran a la hierba; siento ahogo.

    -¿Qué te sucede, Ignacio?
    Es tu voz, sí, tu voz la que me salva,
    y el tacto de tu mano
    otra vez me rescata
    de la angustia y el pánico a la nada.

    -Nada, nada -contesto-
    estaba adormilado, ya estoy bien.
    -Está precioso el cielo.
    Me emociona saber
    que nosotros formamos parte de él.

    ¡Parte del universo!
    Eso es: solo una mota consciente
    y testigo perplejo
    de algo que no comprendes:
    el caos más hermoso y ordenado. Eso eres.

    Ahora ya, morir
    será como volver al fin a casa
    y volver a vestir
    la ropa abandonada
    el día que partiste: tierra y agua.

    ¿Y el alma? No; la vida
    seguirá tras de ti cambiante y varia,
    y el cosmos su deriva;
    y tú, mota liviana,
    irás en él inerte ya y callada.

    Y habrá, sí, quien recuerde
    tu imagen y tu nombre algunos años;
    mas luego finalmente
    quedarán registrados
    en archivos; tal vez en un cofre guardados.

    -Mira, la Luna sale,
    es mucha ya la luz y siento frío.
    Tú te levantas ágil,
    yo lento gruño y gimo,
    amantes contingentes bajo un cielo infinito.

    Para un próximo poemario

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