Poema 1
Y cuando creías que te pinchaban la carne…
que el punzón atravesaba la piel gorda y profunda…
que dolía ese agujero herido…
y que el metal frío era origen del gemido…
Causa temida.
Cuando creías que sin sangre no hay herida…
que podría la razón ganarle a la locura…
que era posible el rosa y la cordura…
Tesón y burla.
Cuando creías creer y no creías porque el engaño escupe
del lado por el que se escurren los lamentos del pequeño ser
escondido en la ranura que cosió el hilo infame que zurció su vida.
Cuando te confundió el pánico y arrasaste con él
a trote y moche,
sin remedio ni vergüenza.
Cuando arrojaste por alguna borda a un mar sin fondo
el pedazo de ánima que nos mantuvo tanto tiempo a flote…
Entonces inscribiste la ruina letal de un soplo último,
el estertor definitivo que clamó al cielo tu derrota.
Así viviste
como no se puede vivir sin morir en el intento.
Poema 2
Sabía que era un grano,
Aún de carne,
En la inmensidad del vértigo que da asomarse con cabeza al firmamento.
Poca cosa,
Una mota.
Creía en la importancia de ser más que un intento de existencia.
Cada vez que esculpía una palabra,
Renegaba del marrón o la saliva.
Cuando gritaba con los brazos
Os pedía compañía.
Siempre estabas a mi lado
Con la oreja pegada a ese silencio.
Apenas un instante,
Agradecido.
Fragancia seca, café en el cuarto.
Tuviste la gracia de haber podido conseguirlo,
Mirlo blanco,
Que cantara una canción que oyeran los amigos,
De gozo,
De presencia necesaria que refrendara
Que esa mota comenzó de carne
Y mereció un destino.
¡He dicho grano, no cápsula!
Corsé de un tiempo que no me incluye.
Plástico infame que envenena al pez que fuimos,
El que nadó hasta aquí para acercarnos el agua salada
Que un día abandonamos por un trozo de polvo,
Del polvo que arrastran los pies al caminar.
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