ALGA Revista de Literatura
nº68 - otoño 2012




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
    • Campos de Soria
      de Edu Barbero

    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/

    Páginas centrales

    TALLER DE LITERATURA


    100 años de la publicación de
    Campos de Castilla de Antonio Machado

    Antonio Machado, el dolor de un alma herida
    Por Ana Recio Mir

    De los mitos clásicos a los valores eternos:
    la poesía de Machado, una pedagogía de la intemporalidad

    Por Guillem Vallejo

    A la luz sesgada del signo métrico: "A un olmo seco"
    Por Alejandro Duque Amusco


    ANTONIO MACHADO, EL DOLOR DE UN ALMA HERIDA


    ANA RECIO MIR

    La desaparición de Leonor Izquierdo el 1 de agosto de 1912 hizo temblar el alma de Machado e impulsó un importante cambio en su vida y en su obra. La joven había enfermado en 1911 cuando ambos estaban en París, donde Antonio había sido enviado por la Junta de Ampliación de Estudios para asistir a un curso de Bédier que él cambió por las clases de Bergson. De la difícil situación por la que atraviesa la pareja da testimonio una estremecedora carta de Antonio Machado a Rubén Darío el 6 de septiembre de 1911:

    Le supongo al tanto de nuestras desventuras […] Leonor se encuentra algo mejorada y los médicos me ordenan que me la lleve a España huyendo del clima de París que juzgan para ella mortal. […] Yo he renunciado a mi pensión y me han concedido permiso para regresar a mi cátedra, pero los gastos de viaje no me los abonan hasta el próximo mes en España. He aquí mi conflicto. ¿Podría Ud. adelantarme 250 o 300 francos que yo le pagaría a V. a mi llegada a Soria? […] Le ruego que me conteste lo antes posible y que perdone tanta molestia a su mejor amigo.1

              Gracias a la ayuda de Rubén Darío el regreso se pudo llevar a cabo. El fallecimiento de Leonor, meses después, impulsó la creación de una serie de poemas insertos en Campos de Castilla escritos entre el 1º de noviembre de 1912 y el 29 de abril de 1913, que revelan al desnudo cómo el agudo dolor de un alma herida puede dar frutos de auténtico y estilizado lirismo.
              El mar, uno de los elementos en los que cristaliza el particular misticismo machadiano, es símbolo de la dinámica de la vida, de transformación y renacimiento y su perpetua oscilación indica un estado transitorio entre lo que se va a realizar y lo ya hecho y en él reside una ambivalencia, que es la de la incertidumbre, la duda, la indecisión o lo que puede concluirse bien o mal. Por eso el mar es tanto imagen de la vida como de la muerte.
              Antonio Machado desarrolla en Campos de Castilla una serie de sentidos diversos para el simbolismo marino. En los poemas escritos tras la muerte de Leonor, el mar se relaciona con la muerte, con la divinidad o con una realidad trascendente e intangible, que va más allá de los límites de la vida y que está llena de incertidumbre:

              Este que insulta a Dios en los altares (…)
              También soñó caminos en los mares
              Y dijo: es Dios sobre la mar camino.
              ¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra,
              más allá de la suerte,
              más allá de la tierra,
              más allá de la mar y de la muerte? (Poema C)

              En algunos textos del volumen, el mar va ligado al amor; en otros, a la soledad y a la orfandad que se produce tras la pérdida del amor. Manrique vinculó el mar a la muerte, pero Machado le añade un elemento emotivo, una pincelada sentimental cuando usa la metonimia "Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar"2. La fusión con lo natural, con la plenitud marina, queda realzada por una nota anímica y emotiva.
              En un interesante artículo, Kessel Schwartz3 apunta la riqueza simbólica del mar en la lírica machadiana e indica los significados de "Dios, esperanza, vida, muerte y todo lo intangible". Lo cierto es que en los textos de Campos de Castilla en los que se alude a este símbolo, el autor incide en determinados sentidos:
              1) Poemas en los que la naturaleza marina se vincula al tiempo, a la monotonía de su discurrir y a la transformación: "Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira: / cambian la mar y el monte y el ojo que los mira4."
              También el mar es un rastro, una estela luminosa que va quedando atrás a medida que pasa la vida, un elemento relacionado con el fluir de la existencia5. Y es igualmente origen y final, lugar desconocido al que retornaremos: "De arcano mar venimos, a ignota mar iremos"6.
              2) Poemas en los que la superficie marina representa también un vínculo con la divinidad y una relación con el paso del tiempo y la espera que lleva a la muerte (CXXVIII). En algún caso Machado incide en el poder igualatorio de esta, igual que Manrique: "En la vida mala y corta /que llevamos /libres o siervos seamos: /mas, si vamos /a la mar, /lo mismo nos ha de dar" (poema CXXVIII).
              El mar es espacio de plenitud, de encuentro con la divinidad, lugar que impulsa a Machado al hallazgo de lo trascendente (CXXX). Y además de relacionarse con la muerte, es un elemento del paisaje que le sirve para incidir en la fragilidad y la debilidad del ser humano: "Cuatro cosas tiene el hombre/ que no sirven en la mar:/ ancla, gobernalle y remos,/ y miedo de naufragar"7.
              En otras ocasiones el mar se liga al mundo de los sueños y se transforma en un ser casi animado, capaz de soñar "El soñador ha visto que el mar se le ilumina,/ y sueña que es la muerte una ilusión del mar"8. Es un elemento asociado también a la plenitud y a la divinidad:

              Érase de un marinero
              que hizo un jardín junto al mar,
              y se metió a jardinero.
              Estaba el jardín en flor.
              Y el jardinero se fue
              por esos mares de Dios9.

              Lo marino se vincula con el fin y con lo divino en el poema más juanramoniano del libro. Si Juan Ramón hablará de un Dios deseado y deseante en su libro de 1948, Machado ya anuncia a un Dios que está en el mar y que de él nace:

              Dios no es del mar, está en el mar (…)
              como una blanca vela;
              en el mar se despierta o se adormece.
              Creó la mar, y nace
              de la mar cual la nube y la tormenta10.

              También guarda relación este símbolo con el fuego y con un ideal de fraternidad humana con la liberación que supone desprenderse de todo lo innecesario, como se ve en "España en paz" (poema CXLV). Lo marino se vincula además con dos modos de ser, dos formas de conciencia (XXXV), una que es luz que todo lo ilumina y otra que se relaciona con la paciencia.
              3) Por último, el mar se asocia con la naturaleza y con la patria y, como esencia de ella, con Castilla. Es el destino de la tierra castellana, igual que a él se dirige el Duero, y es un destino que parece fugitivo: "¿Acaso como tú y por siempre, Duero,/ irá corriendo hacia la mar Castilla?" (Poema CII).
              En definitiva, el mar y la naturaleza en general le sirven al sevillano para proyectar sus sentimientos, reflexionar sobre la existencia humana y mitigar, en ocasiones, el dolor de su alma herida.

    1 A. MACHADO: Poesía y prosa. Ed. de Oreste Macrí. Madrid, Espasa-Calpe-Fundación Antonio Machado, 1989. Pág. 1491.
    2 A. MACHADO: Poesías completas. Ed. de Manuel Alvar. Madrid, Espasa-Calpe, 1988. Pág. 212. En adelante lo citaremos con la abreviatura PC.
    3 K. SCHWARTZ: "The Sea and Machado", Hispania, vol. 48, nº2, mayo 1965. Pág. 247.
    4 A. MACHADO: PC, ed. cit. Pág. 152.
    5 A. MACHADO: PC, ed. cit. Pág. 243.
    6 A. MACHADO: PC, ed. cit. Pág. 236.
    7 A. MACHADO: PC, ed. cit. Pág. 244.
    8 A. MACHADO, PC, ed. cit. Pág. 247.
    9 A. MACHADO: PC, ed. cit. Pág. 248.
    10 A. MACHADO: PC, ed. cit. Pág. 253.

    ANA RECIO MIR nació en Salamanca. Ha estudiado música, cine y literatura en las Universidades de Sevilla, Paris VIII, Edimburgo y Londres. En 1992 fue premiado su libro El cine, otra literatura. Es coautora de los libros Miradas de mujer (1996), Imágenes cinematográficas de Sevilla (1997) y Ocho calas cinematográficas en la literatura de la Generación del 98 (1999).Como especialista en Juan Ramón Jiménez ha publicado Bonanza (2000), Juan Ramón Jiménez, el exilio y la piedra de Moguer (2001), y Símbolos e imaginario último de Juan Ramón Jiménez (2002), fruto de su tesis doctoral. Ha adaptado y traducido El Corsario Negro de Salgari para la editorial Anaya. Preside la Asociación Andaluza de Profesores de Español Elio Antonio de Nebrija desde 2008.